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El microblogging como útil herramienta

Microblogging, nanoblogging, blogging pequeñito… seguro que este último nombre les sonará más accesible a aquellos que nunca han oído hablar de él.

Porque, a estas alturas, ¿quién no conoce el blogging o, simplemente, los blogs? El primero se escribió en 1994, según reza en la Wikipedia, aunque no empezó a ser un género famoso hasta que llegó el 2001, entrando en el nuevo siglo.

Así pues, frases como “¿has leído, en la página web de...” son reemplazadas por “¿has leído, en el blog de …“, más fáciles de escuchar hoy en día. Quien se lo proponga puede tener uno; hay multitud de servicios gratuitos que te permiten tenerlo en cuestión de pocos minutos.

De todas maneras, hay gente que no se conformó con todo esto y quisieron más. Un día, a alguno de los que forman el actual equipo de Twitter (siento la inexactitud) se le ocurrió crear un género basado en el blogging, con el mismo objetivo pero diferente meta; es decir, el objetivo se basa en transmitir información a quien le interese leerte, aunque la meta no son artículos/críticas/largos textos, si no de mensajes de texto que van hacia ningún sitio (si nadie se apunta a leerte), generalmente, hablando sobre lo que estás haciendo en ese momento.

Te creas una cuenta en Twitter o cualquier otro servicio similar y en segundos obtienes tu propia página personal, derivada del dominio, donde puedes empezar a escribir lo que te de la gana (respetando a Ramoncín, claro), esperar a que alguien te lea y te empiece a seguir [1].

Menuda gilipollez, ¿en serio piensan que alguien va a utilizarlo?“, pensé el primer día que me enteré del invento. Escribir lo que hago, a quién le interesa… absurdo. Lo cierto es que le di una oportunidad, aunque lo dejé al poco tiempo.

Pero como no suelo quedarme a gusto con la primera vista, volví a intentar buscarle utilidad por segunda vez. Efectivamente, la tenía, y volví a equivocarme otra vez entre tantas prejuzgando algo antes de utilizarlo a fondo.

Me encanta llegar a cualquier lugar, empezar a contar algo e instantáneamente oir la voz de alguien que dice “ah, sí, lo he leído en tu Twitter/Jisko/llámaloequis“. O ahorrarme tener que contar a cada una de las personas que me preguntan dónde he estado, con quién, si me lo he pasado bien, si he estado aburrido, si el fin de semana he mojado o no…

Además de ser un chute de ego más grande que el tener un blog en sí. “Alguien más me sigue hoy” significa tener una persona a la que cuidar y que impulsa a seguir escribiendo actualizaciones.

El blogging pequeñito mola. Tanto, que dejé tan de lado la idea de lo absurdo que podía ser y empecé a construir Jisko, proyecto que los pocos lectores de este sitio conocen de sobra.

Eso sí, reconozco que me quedo sin palabras cuando una persona corriente y moliente (que usa Internet para el correo, IM y la mula; el usuario estándar, vaya) me pregunta “¿y qué puedo hacer yo con ésto?”. Porque bien que podría contestarle todo lo que he escrito aquí, pero se quedarían igual.

No creo que esté enfocado para que pueda escribir cualquiera; si, es lógico que cualquiera puede hacerlo, como quien crea un blog, pero, ¿mantenerlo? A pesar de ser una tarea mucho más fácil que lo recién citado (porque hay mucha más libertad, menos texto…), no todos pueden encontrarle utilidad. Quizá haya que darle una vuelta más a la rosca para que esos usuarios puedan obtener alguna finalidad para sus intereses.

Por el momento, me conformo con decir “no lo sé, pero puedes seguirme y luego le buscas la dichosa utilidad“.

[1] Para los que no están al corriente, “seguir” significa estar al corriente de las actualizaciones que realiza una persona en su microblog. Algo como un feed de una página, pero siendo notificado por diferentes vías (SMS, IM… o por el feed mismo).

Mi vida 2.0 (V)

Vaya horas para que a alguien le entre apetito de escritura. Un antojo a las 2.20 AM, un sábado, con algo de frío desde León.

Quién me lo iba a decir, conectado a internet incluso estando fuera de mi casa. Cuando me compré el SE K610i, mi primer móvil 3G (y que está a mi lado), reconozco que empecé a despegarme menos de la Red.

Ahora, es aún peor. Según cómo se mire, claro. Por una parte, porque cuando salía fuera, era la única manera de desconectar. Por otra es que, después del descanso, no se me cae todo el trabajo encima.

Como cada puente, suelo venir aquí con mi padre a visitar a la familia; es muy agradable salir de esa ciudad donde vivo habitualmente para cambiar de aires. Además de que tengo un gato siamés precioso aquí.

Con Macbook en mano y el móvil vine, aunque he tenido la fortuna de encontrar un Wi-Fi que ni siquiera ha habido necesidad de crackear. Un punto a mi favor: no me gasto nada en 3G en todo el puente.

Todo lo que me ocurre últimamente es molón. Ahora creo más en eso de “después de la tempestad viene la calma”. Una buena temporada sometido a mucha mierda, sin ver un punto de luz en el túnel, caminando hacia ninguna parte, hasta que pude levantar cabeza.

Estoy conociendo a personas que jamás en mi vida me hubiera imaginado que conocería. Estoy haciendo cosas que tampoco se me hubieran pasado por la cabeza. Estoy dirigiendo mis esfuerzos donde verdaderamente se necesitan. Y lo mejor de todo: me siento a gusto y feliz.

Pensar que hace no tantos años atrás era incapaz de socializarme… ahora quizá sea demasiado, pero algo tengo claro: mejor exceso que defecto (en este caso).

Aunque sí, he de reconocerlo: tengo miedo. Estoy tremendamente acojonado de que pase algo y se vaya a tomar por saco esta especie de utopía. Pero, por otra parte, hay que pensar que es un proceso de la vida, y que lo que haya que pasar, pasará. ¿Cuán aburrida sería si todo fuera regular y previsible?

No he leído lo que he estado escribiendo, pero ya son las 2.44 AM y va siendo una buena hora para acostarse. Sí, cierro, que mañana hoy hay trabajo que hacer… y puente que disfrutar.

Mac OS X y la parodia de BSOD

Navegando por el Finder, me encuentro que ha detectado el PC de mi hermano (estamos en red local, nada extraño). Lo más curioso, es la cara que se me queda al ver el campo de previsualización:

Finder y Red Local

Lo más curioso es que él utiliza Windows XP, aunque no tengo ni idea si ese pantallazo tiene que ver o no, aunque eso no le quita gracia.

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