Date Marzo 26th, 2008

TrollYay, por fin mi primera aportación al mundo del software libre. Aunque miento, no es la primera, pero sí la que se podría considerar seria y donde se ha visto involucrado mi arte de programación (nota para trolls: sarcasmo).

Ah, y hablando de trolls… son sublimes, oiga. En mi caso me he encontrado con varios tipos, divertidos todos en cualquier caso:

  • Los abonados o suscriptores, que nunca fallan a su cita. Lejos de elogiar lo que uno hace (¿qué clase de troll sería entonces?), son, sin embargo, más sagaces que cualquier otro que se sitúe en el polo contrario de conducta. Son personas con mucho tiempo libre — lo reconozco, tengo envidia — capaces de seguir todos tus pasos para decir cualquier frase filosófica que se les pase por la cabeza. Dignos de admiración por la dedicación, la cuál, si cambiara de dirección y fuera hacia algo más productivo, llegarían a ser verdaderos artistas. Doy fe.
  • Los políticos, es decir, los que critican todo lo que haces pero no ofrecen ninguna solución, típica de una oposición (no señalo a nadie, que a mi me da bastante igual a estas altura la política). Los últimos han salido con Jisko en su liberación; gente que critica al código con argumentos de que está fatal, pero no ofrecen ninguna solución, aka «es libre, acaba de hacer su primera release, pero no, tiene que estar orientado a objetos, MVC y la rehostia; es libre, sí, y yo soy un programador super-chachi-guay que te programa eso en cinco minutos, pero lo mío es dar por saco», para los que no lo pillen a la primera.
  • Los brujuleadores, aquellos que buscan a cualquier hijo de vecino que le vaya bien para acribillarle con acusaciones sobre tu vida que aparentemente conoce muy bien pero que, en realidad, no saben nada. Me recuerdan a aquellos comentarios en el Menéame sobre un par de envíos que me hacían referencia, donde salía en un par de periódicos entrevistado. Buen sabor de boca, sin duda.
  • Individual con compinche, aunque puede ser que se asocien más. Generalmente ésto se da cuando uno no se cree sus propias teorías, pero engancha a algún otro para freir al objetivo. Uno saca cualquier teoría y el otro la certifica, haciendo que la soberbia alcance niveles insospechables. Es perfectamente combinable con todos los anteriores, además de crear un ambiente de seguridad en el grupo de que están haciéndolo cojonudamente.
  • Los clásicos o pesados, que insisten una y otra vez para que les hagas un mínimo de caso. Si no cumplen con ese objetivo, desisten y se van a por otro para seguir felizmente con su vida. Afortunadamente, son los más fáciles de quitarse de encima e incluso a veces se les hace caso por puro aburrimiento, para ver si realmente hay un humano detrás.

Esto me hace pensar que todos ellos respiran bajo una atmósfera propia, donde van hacia la misma dirección, y que responden a lo siguiente:

Las posibilidades de encontrarte con un aumento de trolls dedicados hacia tu persona es directamente proporcional a todo lo que te salga bien y que celebres.

Por tanto, si no quieres trolls, únete a ellos. Es fácil, dirígete a cualquier foro y sigue la corriente, te adaptas en seguida. O simplemente, no se te ocurra crear un blog donde digas que te va bien, es peor que echar sal a unas almorranas. Realidad sincera.

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