Mi vida 2.0 (IX)

Sábado, Agosto 2nd, 2008

Empiezo a escribir la entrada a las 5.30 horas de la madrugada. ¿Pero no dije que no me acostaría más a estas horas? Sí, y lo cumplí a medias. Lástima que el trabajo sea inevitable de predecir.

Han sido días con un mixto de todo, subidones y bajones. Afortunadamente ha habido cierto equilibrio y he podido tirar con todo, pero reconozco que ha habido ocasiones que he perdido los papeles, y más de uno me ha tenido que pegar un toque.

Claro, que siempre hay un momento en que toda persona explota. Menos mal que sólo fue algo momentáneo, fruto del estrés y del miedo acumulado por unas cosas y otras. Maldigo el verano.

Esta semana no han sido más que reuniones, quedadas y trámites varios, estoy agotado. Y la semana que viene no pinta mucho mejor, pero al menos sé que en uno de esos días, el futuro de Jisko podrá estar más claro o no, todo depende de algunas cosas que no dependen de mí, directamente.

En lo demás, no se presentan grandes cambios. Tonterías como que he podido liberar mi móvil, que me he comprado una SIM de Simyo para evitar el capado de Yoigo, o que un amigo está haciendo un diseño propio para este blog (sin coste alguno, prostitución para el currículum de diseñador).

Y los trabajos de verano… pues ahí están, llevándolos como puedo. Me queda por atacar matemáticas de 4º, sociales y latín. Por otra parte, meterle caña a dibujo técnico y, después de esto, repasar todo lo que he hecho (porque hay ejercicios sin hacer de física o matemáticas de 3º, que no sé aún cómo hacerlos).

Podría declararme en un estado de esos que dicen chungos, de confusión completa, típica de la adolescencia (pero un poco avanzada, oigan). A ver si empiezan a quedar las cosas claras y retomo el camino que estaba siguiendo, cogiendo la bifurcación adecuada…

Última madrugada del verano

Martes, Junio 24th, 2008

Cuatro y pico de la madrugada. Codeando para sacar Jisko v2 lo antes posible, empapándome de benchmarks de PHP para mejorar aún más el rendimiento. Desde el viernes pasado estas madrugadas se repiten, donde me suelo quedar hasta las 6.00h.

“Ale, pues pa cuando acabes la entrada en diazr, buenas noches”, me dice un seguidor del Twitter por Jabber nada más escribir un tweet. Es curioso ver que hay gente que te sigue muy, muy de cerca.

Sin embargo, lo más interesante de la cuestión es… ¿cómo que última madrugada? Ajá, sí. Las echaré de menos, de eso estoy seguro. ¿Por qué? Porque es cuando más relajado se está, todo es silencio, hace menos calor… en fin, un lujo.

Vale, no he respondido a la pregunta. Me quería escapar, pero no. Mañana, miércoles, me darán las notas, y son muy previsibles; ¿que me las he tocado a dos manos durante el curso? Toma calabazas. Al César lo que es del César. Toma tomate tómalo.

Ahora es cuando vienen los comentarios de: “si lo hubieras hecho durante el curso no tendrías que verte así”. Eso mismo ya lo sé, querido, desde que empecé a suspender en 5º de primaria como buen ceporro y vago que estoy hecho. Pero poco soluciona eso a estas alturas.

La solución es sencilla: codos veraniegos. Existe septiembre, ese mes maldito y tachado de todos mis calendarios, donde se abren las puertas, en este caso, para obtener la dichosa titulación que tanta molestia ha causado durante estos años.

“¿Podrás con tantas?”, me dirán. Y yo que sé, pero me veo muy capaz, además de que tengo tanta experiencia que estoy por poner en el CV “profesional en recuperaciones de septiembre”. Sin guasa, que la tengo, oiga.

Tendré que ir a una academia para las elementales y alguna no tan elemental (dibujo técnico, allá voy), pero de lo que estoy seguro es que se acabó codear tantas horas. Todos estos días los he estado aprovechando al máximo para poder avanzar todo lo posible y que quede poco para lanzar la v2 de los santísimos. Y la verdad es que ha valido la pena.

Por lo tanto, como cada verano, me convierto en un buen estudiante temporal, donde me pasaré horas y horas haciendo montañas de deberes y estudiando todo el temario de un curso para examinarme en tres días.

Aunque reconozco que no me esforzaría demasiado si no fuera porque cierta persona me ha ido dando capones desde que la conocí. Y no es que lo haga por él, que también (hay confianza que no puede ser desperdiciada), si no por mi mismo y porque creo que ya va siendo hora de cambiar ciertos hábitos.

Quizá para el año que viene me espere un bonito destino… o no, quién sabe. Aunque soñar, una vez al año, no hace daño.

¡Ah! Y adiós, también, a las madrugadas de radio:


Aunque aquí era de día