Reclamaciones: cómo, por qué, caso práctico

Viernes, enero 21st, 2011

Me considero una persona bastante pesada respecto al tema de reclamar lo que es mío. Una manía como tantas otras, fíjate tú. Lo he hecho con bancos, con servicios de telefonía, internet… he llevado todo hasta las últimas consecuencias y siempre he salido ganando.

Seguro que muchos de vosotros os habéis sentido desesperados ante la supuesta impunidad con la que actúan todos estos energúmenos. Siempre nos la intentan colar: que si un eurito de más en la factura, que si no te hemos dado de alta sin querer la tarifa plana y te hemos cobrado al alza (no hago link porque esto le ha pasado a mi madre, y a mí), que si te llega un SMS para hacerte rico al instante… y así podríamos seguir.

Os voy a poner un ejemplo reciente, con imágenes, que tuvo un final bastante feliz. Una cadena de supermercados francesa bien conocida por todos nosotros, Carrefour, nos la volvió a meter doblada a mi familia haciendo la compra en múltiples ocasiones. Ya se sabe: ofertas de 3×2 que no se aplican (sin entrar a valorar si valen la pena), descuentos varios que tampoco se aplican, precios que no coinciden con los anunciados… o una de las cosas, o todas. Es algo difícil que no te ocurra algo así cuando haces una compra medianamente grande.

Obviamente y tras ver el cachondeo que se traían con los precios, procedimos a tomar cartas en el asunto. Qué sé yo: folletos publicitarios, fotos de las promociones, fotocopias de los tickets… todo, absolutamente todo que pudiera demostrar que esta gente lo hace una vez tras otra. Y, por supuesto, una reclamación. Pero una hoja de reclamación oficial, no una del propio supermercado (que es la primera que te ofrecen, claro).

A cosa de unos 15 días recibí una contestación (la que veis a la izquierda, clic para ampliar). Me supuse que me darían una respuesta estándar, pidiendo disculpas pero, eso sí, escudándose en la excusa de siempre, y cito: “error involuntario”. Error involuntario multiplicado por decenas de veces a lo largo del tiempo. Error involuntario que, casualmente, el 99% de las veces es para cobrarte de más. Menos mal que habíamos previsto esto y la reclamación la llevamos a la OMIC (Oficina Municipal de Información al Consumidor).

La OMIC es eso, una oficina municipal que te ayuda en este tipo de asuntos (deberás informarte dónde está la tuya), bien asesorándote o bien gestionando la reclamación. Al menos en Madrid, este servicio es completamente gratuito, no tiene ningún coste poner una reclamación y presentarla ante ellos, para que realicen las acciones oportunas en cada caso. Mi satisfacción con ellos siempre ha sido plena, pues las gestiones por lo general han sido siempre impecables (siempre que se pueda, vaya). Sin embargo, si conoces otra asociación que pueda realizar la misma función, tengas preferencias u otras razones que te inclinen a escoger otro organismo, adelante.

Pues efectivamente, poner la reclamación en la OMIC tuvo más efecto de lo esperado (ver la resolución abajo del todo, clic para ampliar). Y es que no sólo lo anotaron en su lista de cosas malas, si no que se personaron allí, realizaron una inspección, comprobado que las prácticas denunciadas eran ciertas y se les ha aplicado una propuesta de sanción que desconozco, pero supongo que ya será algo.

Pasos para realizar este tipo de reclamaciones:

  1. Tener un motivo para hacerlo, y esto se traduce en revisar siempre minuciosamente el ticket después de la compra. Lógicamente es extrapolable a cualquier otro ámbito: revisar facturas, revisar llamadas…
  2. Mantener la templanza y recordar que, a pesar de todo, la persona que te va a dar la hoja de reclamaciones OFICIAL (importante, que no sea interna) no tiene culpa.
  3. Presentar todas las pruebas posibles con la hoja de reclamación en mano: fotos, folletos de publicidad… cualquier cosa que acredite lo que estás denunciando. Sin esto, quizá pierdes el tiempo.
  4. Presentar esta hoja al organismo competente, como puede ser la OMIC, en la que puedo afirmar empíricamente que da buenos resultados y gratuitos (al menos en Madrid).
  5. Esperar, que la resolución llegará por certificado a tu casa.

Por último, recordar que esto es algo imprescindible y necesario si queremos mantener  la picaresca mínimamente alejada de los consumidores, o sea, nosotros. Sé que puede resultar pesado o incluso podamos pensar que no va a servir para nada, pero sí, sirve y para mucho.

En mi caso, pedir una hoja de reclamaciones en muchos casos me ha evitado tener problemas mayores. No permitas que se defiendan con excusas (errores involuntarios) como las ya expuestas – o el “error informático”, muy típico – ya que ellos son los responsables de garantizar los precios que exponen, o de mantener una estructura tecnológica adecuada que evite esos fallos.

Ya sabéis, céntimo a céntimo (que en este caso era billete a billete) van construyendo la montaña. Y si uno pone una reclamación, quizá no valga para mucho, pero si todos lo hacemos, estoy seguro de que tendrán más cuidado a la hora de estafar a la gente que les da de comer. Así que no te cortes, todos saldremos ganando…

De malos tratos e impotencia

Martes, agosto 24th, 2010

Hoy, unos amigos y yo volvíamos de una buena caminata practicando la noble actividad del geocaching cuando, pasando por la gran avenida de nuestro barrio, nos encontramos con una mujer que claramente estaba discutiendo con, presuntamente, su chico. Él llevaba un bolso del hombro, que evidentemente era de su chica.

En un principio todo parecía indicar a un robo, o a un vacile poco violento. Hasta que la chica empezó a sollozar pidiéndole que, por favor, le devolviera su bolso y le dejase ir para coger un taxi. Nada más lejos de la realidad, el hombre no sólo no le devolvió el bolso, si no que hubo una trifulca entre la chica, que intentaba recuperarlo y el chico, que abusaba de su posición para mantenerlo en su hombro.

En realidad ya nos habíamos separado para ir a nuestras respectivas casas, cuando veo el panorama y me vuelvo al grupo, para ver cómo se desarrolla la discusión y si hay posibilidad de pararlo. Al rato, empezamos a movernos para no intentar avivar la situación, pero la chica empieza a caminar hacia nuestra posición indirectamente. Al menos, que hubiera alguien que lo estuviera viendo. El hombre ni siquiera reaccionó ante nuestra presencia, es más, sonreía.

No contento con esto, le cogió del brazo violentamente y se la intentó llevar a su casa. Ella insistió que no quería, pero seguía forzándola, con la intención (supongo) de que finalmente “accediera”, y entendemos por acceder… sentirse forzada. Ante esta situación, no tuve más remedio que llamar al 112, explicar la situación y pedir asistencia.

A pesar de que el hombre vio como llamábamos e incluso algún vecino le dijo que la dejase, como si nada, cogió a la chica, se la echó al hombro y tiró calzada arriba hacia su casa. Realmente nos preguntamos si debíamos intervenir (éramos clara superioridad numérica, cinco), pero otras experiencias nos recuerdan que tomar la justicia por tu mano no llevan a ningún sitio, y sólo te dan problemas (legales y de otra índole), así que me limité a dar un segundo aviso, mientras que la chica se alejaba cada vez más con él.

A los tres o cuatro minutos, aparecieron dos coches (dos agentes-oficiales + dos (sub)inspectores) e instantáneamente soltó a la chica. Los agentes separaron la trifulca, e hicieron sus comprobaciones rutinarias. Lo cierto es que estoy omitiendo que me hervía la sangre: empecé a gritar y a llamarle de todo. Supongo que cualquiera que se irrite pronto con estas cosas hubiera hecho lo mismo… aunque eso no tiene demasiada importancia ahora.

Mientras le pedían que dejase todas sus cosas encima del coche (indicar de nuevo que el tío actuaba como si fuera completamente normal), la chica estaba llorando, clara evidencia de que algo estaba pasando, demostrando inmediatamente a la autoridad que nadie se había inventado nada. Sin embargo, yo ya tenía en mente el diálogo, y fue lo que ocurrió:

Agente: ¿Qué ha ocurrido?
Chica: (Entre sollozos) Es que estoy un poco ebria y claro, él quería llevarme a su casa, pero agente, no me pegó, no me pegó, tan sólo quería invitarme a su casa.
Agente: Y si ha pasado eso, ¿por qué estás llorando?
Chica: Es que… me pongo muy nerviosa… porque no quiero que se lo lleven… por favor…

El chico pensaba lo mismo. Con este panorama, el agente sólo nos dijo lo que ya nos podíamos imaginar: no se puede hacer nada.

Agente: Si la agredida no denuncia, no podemos hacer absolutamente nada. Sé que es completamente injusto, pero es lo único que podemos hacer.
Yo: ¿Y al menos le pediréis la documentación o algo?
Agente: Sí, es lo que estamos haciendo. Pero lo que va a pasar es que al final van a dormir juntos, ya lo veréis.

En realidad, tampoco me sentí sorprendido… ¿cuántas veces lo habremos oído/visto ya? Sin embargo, no es lo mismo cuando lo ves en directo y ves como puede no ocurrirle nada y que, por eso mismo, el agresor actúa con total tranquilidad por la impunidad que sabe de antemano que tiene.

Lo cierto es que no sé si denunciaría o no, pero a la vuelta pude ver como otro coche de policía (el tercero ya), típico zeta para patrullar y llevar detenidos, hacía acto de presencia. Aunque no creo que denunciase, me parece extraño ya que no se puede retener a una persona (corregidme si me equivoco, que es posible y probable) si no existe denuncia o hecho explícito, como una agresión física, y que los agentes lo hubieran presenciado, que en ese caso se puede retener hasta 72h al agresor mientras se resuelven las diligencias, pasando a disposición judicial o no.

Luego nos impresionaremos de las agresiones (por desgracia, bastantes son mortales) que muchas parejas sufren, pero la realidad es que sus miembros (no diré mujeres porque no son las únicas) no denuncian, y no es algo que no se sepa. Así empieza todo, y acaba como acaba… por favor, especialmente mujeres, DENUNCIAD y parad el abuso.

Sólo espero, iluso de mí, que la chica haya denunciado y que si el “hombre” no es capaz de serlo, que se lo enseñen donde todos sabemos.

Y así, es como cierra otra noche en la gran ciudad.