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Mi vida 2.0 (VI)

El otro día me preguntaron: “¿qué pasa, que no escribes nada en el blog?”, a lo que salté con el acto reflejo: “¿cuál de ellos?”. Y es que aún estoy acostumbrado a que me hablen de 120% Linux, pero no, esta vez se referían a este.

Unas dos semanas desde la última entrada… el tiempo se me echa encima, para variar. Suena a típica excusa de blogger vago, así que no voy a ser yo quien lo niegue: soy un lerchán (como dice iacaca).

Mucho trabajo, nada fuera de la rutina. El estado de ánimo, algo que llevo manteniendo estable hace tiempo, sigue como debería, aunque cierta persona desearía verme bailando con castañuelas en mano (y no, no es broma).

Mientras tanto, Jisko y la comunidad se porta muy bien. La v2 está dando mucho de qué hablar, ya que realmente será lo que de pie a la introducción de Jisko como aplicación de microblogging. La cantidad de características (y bugs solucionados) que vienen con esta versión es increíble, dejando a la primera muy atrás.

También hay que tener en cuenta que estuve un tiempo desconectado o, mejor dicho, sin hacer nada de provecho y dedicando mucho tiempo a un proyecto personal inútil; todo aquello se perdió y podía haberlo aprovechado para haber seguido documentándome como hacía (y hago). Así que estoy retomando las buenas costumbres.

Y qué mejor ejemplo que la programación… qué bello arte. Excepto cuando te sale cualquier error tocapelotas sin saber de dónde, pero, ¿quién no siente un orgasmo una plena satisfacción al encontrar la solución? Echaba de menos todo eso que dejé hace un par de años.

En resumidas cuentas, el proyecto de “Mi vida 2.0″ marcha viento en popa. Pegué aquel corte por lo sano y todo ha ido a muchísimo mejor. Estoy orgulloso de haber hecho lo que hice y de poder seguir tan bien durante toda esta temporada.

Ojalá dure por mucho tiempo.

El microblogging como útil herramienta

Microblogging, nanoblogging, blogging pequeñito… seguro que este último nombre les sonará más accesible a aquellos que nunca han oído hablar de él.

Porque, a estas alturas, ¿quién no conoce el blogging o, simplemente, los blogs? El primero se escribió en 1994, según reza en la Wikipedia, aunque no empezó a ser un género famoso hasta que llegó el 2001, entrando en el nuevo siglo.

Así pues, frases como “¿has leído, en la página web de...” son reemplazadas por “¿has leído, en el blog de …“, más fáciles de escuchar hoy en día. Quien se lo proponga puede tener uno; hay multitud de servicios gratuitos que te permiten tenerlo en cuestión de pocos minutos.

De todas maneras, hay gente que no se conformó con todo esto y quisieron más. Un día, a alguno de los que forman el actual equipo de Twitter (siento la inexactitud) se le ocurrió crear un género basado en el blogging, con el mismo objetivo pero diferente meta; es decir, el objetivo se basa en transmitir información a quien le interese leerte, aunque la meta no son artículos/críticas/largos textos, si no de mensajes de texto que van hacia ningún sitio (si nadie se apunta a leerte), generalmente, hablando sobre lo que estás haciendo en ese momento.

Te creas una cuenta en Twitter o cualquier otro servicio similar y en segundos obtienes tu propia página personal, derivada del dominio, donde puedes empezar a escribir lo que te de la gana (respetando a Ramoncín, claro), esperar a que alguien te lea y te empiece a seguir [1].

Menuda gilipollez, ¿en serio piensan que alguien va a utilizarlo?“, pensé el primer día que me enteré del invento. Escribir lo que hago, a quién le interesa… absurdo. Lo cierto es que le di una oportunidad, aunque lo dejé al poco tiempo.

Pero como no suelo quedarme a gusto con la primera vista, volví a intentar buscarle utilidad por segunda vez. Efectivamente, la tenía, y volví a equivocarme otra vez entre tantas prejuzgando algo antes de utilizarlo a fondo.

Me encanta llegar a cualquier lugar, empezar a contar algo e instantáneamente oir la voz de alguien que dice “ah, sí, lo he leído en tu Twitter/Jisko/llámaloequis“. O ahorrarme tener que contar a cada una de las personas que me preguntan dónde he estado, con quién, si me lo he pasado bien, si he estado aburrido, si el fin de semana he mojado o no…

Además de ser un chute de ego más grande que el tener un blog en sí. “Alguien más me sigue hoy” significa tener una persona a la que cuidar y que impulsa a seguir escribiendo actualizaciones.

El blogging pequeñito mola. Tanto, que dejé tan de lado la idea de lo absurdo que podía ser y empecé a construir Jisko, proyecto que los pocos lectores de este sitio conocen de sobra.

Eso sí, reconozco que me quedo sin palabras cuando una persona corriente y moliente (que usa Internet para el correo, IM y la mula; el usuario estándar, vaya) me pregunta “¿y qué puedo hacer yo con ésto?”. Porque bien que podría contestarle todo lo que he escrito aquí, pero se quedarían igual.

No creo que esté enfocado para que pueda escribir cualquiera; si, es lógico que cualquiera puede hacerlo, como quien crea un blog, pero, ¿mantenerlo? A pesar de ser una tarea mucho más fácil que lo recién citado (porque hay mucha más libertad, menos texto…), no todos pueden encontrarle utilidad. Quizá haya que darle una vuelta más a la rosca para que esos usuarios puedan obtener alguna finalidad para sus intereses.

Por el momento, me conformo con decir “no lo sé, pero puedes seguirme y luego le buscas la dichosa utilidad“.

[1] Para los que no están al corriente, “seguir” significa estar al corriente de las actualizaciones que realiza una persona en su microblog. Algo como un feed de una página, pero siendo notificado por diferentes vías (SMS, IM… o por el feed mismo).

Un día de… Open Pizza Night

Torre PicassoDespués de dejar la programación a los 14 años, pasé un año aprendiendo de todo menos de ese campo; a los 15, empecé escribiendo 120% Linux, que tuvo su éxito e impulsó mi entrada en el mundillo del software libre.

Llegaron los 16… ah, benditos 16 años, la edad de la semi-madurez — en mi caso, muy semi –. Me encuentré frente a una terrible duda: ¿Qué hago ahora?

Tomé una decisión acertada: volver a programar. No sabía en qué, ya que toqué varios lenguajes en el pasado pero jamás llegué a dominar ninguno (algo que, en cierto modo, es bueno para conocer las cualidades de cada uno); decidí escoger PHP por ciertas personas que me animaron a mirarlo, y, desde entonces, sigo aprendiendo, porque me queda muuuucho, mucho.

No tenía ninguna razón para aprendérmelo, ni siquiera ningún proyecto en mente, pero lo hice. Y es que para algo sirve en el futuro lo que aparentemente no sirve para nada en el presente — ya me lo podría aplicar a los estudios, ya –.

Espera, ¿no iba a hablar del Open Pizza Night que organizó Google para hoy, día 27 de marzo de 2008? Pues eso. Raúl conoció Jisko y le pareció bien invitarme a hablar sobre él a Google, a la par que pasábamos una buena tarde-noche comiendo y charlando. Además de prestarme su portátil, ya que servidor es un poco pobre para comprarse uno (snif, que alguien me done algo)

Nervioso, un día antes me dicen que dispongo de los diez minutos estándar para la presentación al público del proyecto y unos minutos adicionales para ruegos y preguntas. Espera, no me he preparado nada, pensaba. Pero también me gusta el riesgo, así que no preparé absolutamente nada.

Llego a la Torre Picasso (la de la primera foto). Me planto en recepción, enseño mis credenciales y me generan una tarjeta que he de pasar por un lector de idem para poder entrar. Coincidencia, que me encuentro en el ascensor con alguien que va al mismo evento.

Llego a la oficina, con un encuentro un tanto frío, no conocía a nadie, ni llevaba portátil, nada de nada. Sin embargo, bastó con volver a enseñar las credenciales en la recepción de ese lugar para que me dieran una pegatina y una tarjeta con colgante indicando que no soy un espontáneo.

Al rato, nos hacen pasar a los que estábamos esperando a la sala de las presentaciones — supongo que tendrá un nombre específico, llamémosle así –, donde encuentro que hay para beber y comer lo que quisiéramos. Sin incluir las pizzas que vinieron más tarde, que, aprovechando la ocasión, estaban muy buenas. O aquellas patatas que parecían hojas de plantas, pero que en realidad no podías parar de comerlas.

Clara, una de las organizadoras, me recibió efusivamente como si nos conociéramos de toda la vida. Una mujer realmente encantadora y que me gustaría volver a charlar con ella en cuanto pueda. Gracias precisamente a ella, pude encontrar a Raúl, que me enseñó un poco cómo funcionaban allí las cosas — porque teníamos que pasar, nada más — y nos volvimos a la sala.

Raúl, supongo que uno de los máximos de la organización del evento — el mismo que me dió su dirección de correo para charlar — nos estuvo hablando de la nueva API de Google para YouTube. La verdad es que tiene una pinta cojonuda, aunque las demostraciones prácticas sólo se limitaran a las funciones de Javascript, pero no descarto para nada una futura implementación de Jisko para la subida de vídeos.

Raúl charlando sobre la API de YouTube

Llegó el momento. Después de haberme inflado de patatas, pizza y bebidas no alcoholicas, Clara me avisa que si estoy preparado, a lo que contesté que no, pero de poco serviría eso, los horarios son un tanto ajustados. El resumen y pensamientos entre corchetes, mientras estaba delante del micrófono:

[Arg, no me he preparado nada, tengo dos pantallas bastante grandes a mi lado conectadas al portátil, ehm...] ¿Hola? ¿Qué tal? ¿Se me oye bien? OK, pues… [... ... ...], vale, el teclado del portátil es americano [... ¿y?]. Vale, Jisko es un clon de Twitter que [...] [espera, hay que arreglar eso] pretende no limitarse a ser un clon como tal [me estoy repitiendo], si no ofrecer características que Twitter no da. Por ejemplo… ¡Es libre! Sí, sí, es libre, lo hemos hecho hace algunos días, todo está yendo muy bien. ¿Las características? Bien, bien, si consigo meterme con el portátil… sí, sí, lo tengo. Vale, esta es la página principal, donde (…)

Yo en Google Open Pizza Night

A partir de ahí, todo con mínima soltura, aunque en alguna ocasión con voz temblorosa, pero mezclando momentos de humor, para arrancar alguna sonrisa entre tantas miradas. Termino la retaila, un silencio rompedor de dos segundos… y aplausos abundantes. Llega el momento de las preguntas, que, en ocasiones, puede volverse crítico, pero en este caso no lo fue ya que ninguna era agresiva. De nuevo, aplausos. Paso al lado de uno de los chicos de Google: ¡Has estado muy bien!, además de que otros asistentes me felicitaban tanto por la presentación como por el proyecto.

Desde luego, se notaba que no daba charlas desde hace tiempo. Aunque no se pudiera considerar como tal por la corta duración, iba enfocado a una audiencia más que interesante. He perdido práctica, así que tendré que volver a entrenarme y a usar un vocabulario más variado, como hacía antaño, que últimamente ando algo bloqueado y hablo más repetitivamente que de costumbre.

Al final, a los que dieron charla nos regalaron un curioso invento: NSD Power Ball. Me estoy empezando a viciar, me hace falta coger fuerza en los brazos (… ji). La foto del aparato y otras cosas:

Obsequios de Google
(falta la pegatina, que está puesta en la sudadera)

Total, que salió una tarde-noche redonda. Conocí a una buena cantidad de gente agradable y dispuesta a echar un cable en lo que fuera. Estaría encantado de volver a ir a la siguiente, el buen rollo es increíble y aprendes bastantes cosas, no sólo programación.

No podía irme de allí sin sacar una foto del último vistazo antes de salir:

Puertas de la oficina de Google

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