Cuatro y pico de la madrugada. Codeando para sacar Jisko v2 lo antes posible, empapándome de benchmarks de PHP para mejorar aún más el rendimiento. Desde el viernes pasado estas madrugadas se repiten, donde me suelo quedar hasta las 6.00h.
“Ale, pues pa cuando acabes la entrada en diazr, buenas noches”, me dice un seguidor del Twitter por Jabber nada más escribir un tweet. Es curioso ver que hay gente que te sigue muy, muy de cerca.
Sin embargo, lo más interesante de la cuestión es… ¿cómo que última madrugada? Ajá, sí. Las echaré de menos, de eso estoy seguro. ¿Por qué? Porque es cuando más relajado se está, todo es silencio, hace menos calor… en fin, un lujo.
Vale, no he respondido a la pregunta. Me quería escapar, pero no. Mañana, miércoles, me darán las notas, y son muy previsibles; ¿que me las he tocado a dos manos durante el curso? Toma calabazas. Al César lo que es del César. Toma tomate tómalo.
Ahora es cuando vienen los comentarios de: “si lo hubieras hecho durante el curso no tendrías que verte así”. Eso mismo ya lo sé, querido, desde que empecé a suspender en 5º de primaria como buen ceporro y vago que estoy hecho. Pero poco soluciona eso a estas alturas.
La solución es sencilla: codos veraniegos. Existe septiembre, ese mes maldito y tachado de todos mis calendarios, donde se abren las puertas, en este caso, para obtener la dichosa titulación que tanta molestia ha causado durante estos años.
“¿Podrás con tantas?”, me dirán. Y yo que sé, pero me veo muy capaz, además de que tengo tanta experiencia que estoy por poner en el CV “profesional en recuperaciones de septiembre”. Sin guasa, que la tengo, oiga.
Tendré que ir a una academia para las elementales y alguna no tan elemental (dibujo técnico, allá voy), pero de lo que estoy seguro es que se acabó codear tantas horas. Todos estos días los he estado aprovechando al máximo para poder avanzar todo lo posible y que quede poco para lanzar la v2 de los santísimos. Y la verdad es que ha valido la pena.
Por lo tanto, como cada verano, me convierto en un buen estudiante temporal, donde me pasaré horas y horas haciendo montañas de deberes y estudiando todo el temario de un curso para examinarme en tres días.
Aunque reconozco que no me esforzaría demasiado si no fuera porque cierta persona me ha ido dando capones desde que la conocí. Y no es que lo haga por él, que también (hay confianza que no puede ser desperdiciada), si no por mi mismo y porque creo que ya va siendo hora de cambiar ciertos hábitos.
Quizá para el año que viene me espere un bonito destino… o no, quién sabe. Aunque soñar, una vez al año, no hace daño.
¡Ah! Y adiós, también, a las madrugadas de radio:

Aunque aquí era de día
Rubén Díaz :: Jun.24.2008 ::
Personal, Reflexiones ::
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