Date Enero 18th, 2008

Cuán difícil es alejarse de una persona que quieres. Más, si esa persona ha sido de las más importante (o la que más) en toda tu vida.

Llegados a un punto, hay que tomar este tipo de decisiones, que son difíciles y muy duras, pero que, a largo plazo, te ofrecen un beneficio que agradecerás toda tu vida.

Da igual, a estas alturas, de quién tenga más o menos culpa. Lo importante es cómo me debería de sentir yo ahora; lo lógico y normal es que, después de un suceso así, te sientas desalentado, abatido, lánguido, mortecino… Depresivo, en una palabra.

No hace falta describir, pues, mi estado actual; es difícil no haberse llevado un golpe así (decepcionarte con alguien que era muy importante para tí) en tu vida, tarde o temprano, acaba pasando.

Es la única manera de escarmentar, y lo que no mata, te hace más fuerte. Siendo así, y mirando el lado positivo del suceso — hay que ser optimista –, me hará reflexionar para no volver a caer en el mismo error con otra persona.

Es la primera vez, sí, y probablemente no la última (en este campo, porque si hablamos de la vida, ∞ + 1), pero he aprendido a apartarme de aquellas personas que no me convienen, por mucho aprecio que las pudiera tener (aunque me queda adivinar porqué las cojo aprecio).

Voy a ser muy firme con esta decisión, está claro qué es lo que debo de elegir, y ya lo he hecho. Lo que opine la otra persona me da exactamente igual — lo mismo que a la dicha le dió lo mismo cómo me sintiera yo por sus acciones –, lo importante es lo que piense yo, ¿o no?

Como un buen amigo dice, la vida son dos días, y no puedes pasarte uno amargándote. Y si esa persona ya no te ofrece otra cosa que malestar, ¿por qué seguir con ella?

¡Nunca máis!

/etc/init.d/vivir-vida-y-que-le-den-a-lo-demás start

Hay 6 comentarios

Add Añade tu comentario

Nombre (requerido)

Mail (requerido)

Sitio web