Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Última madrugada del verano

Martes, Junio 24th, 2008

Cuatro y pico de la madrugada. Codeando para sacar Jisko v2 lo antes posible, empapándome de benchmarks de PHP para mejorar aún más el rendimiento. Desde el viernes pasado estas madrugadas se repiten, donde me suelo quedar hasta las 6.00h.

“Ale, pues pa cuando acabes la entrada en diazr, buenas noches”, me dice un seguidor del Twitter por Jabber nada más escribir un tweet. Es curioso ver que hay gente que te sigue muy, muy de cerca.

Sin embargo, lo más interesante de la cuestión es… ¿cómo que última madrugada? Ajá, sí. Las echaré de menos, de eso estoy seguro. ¿Por qué? Porque es cuando más relajado se está, todo es silencio, hace menos calor… en fin, un lujo.

Vale, no he respondido a la pregunta. Me quería escapar, pero no. Mañana, miércoles, me darán las notas, y son muy previsibles; ¿que me las he tocado a dos manos durante el curso? Toma calabazas. Al César lo que es del César. Toma tomate tómalo.

Ahora es cuando vienen los comentarios de: “si lo hubieras hecho durante el curso no tendrías que verte así”. Eso mismo ya lo sé, querido, desde que empecé a suspender en 5º de primaria como buen ceporro y vago que estoy hecho. Pero poco soluciona eso a estas alturas.

La solución es sencilla: codos veraniegos. Existe septiembre, ese mes maldito y tachado de todos mis calendarios, donde se abren las puertas, en este caso, para obtener la dichosa titulación que tanta molestia ha causado durante estos años.

“¿Podrás con tantas?”, me dirán. Y yo que sé, pero me veo muy capaz, además de que tengo tanta experiencia que estoy por poner en el CV “profesional en recuperaciones de septiembre”. Sin guasa, que la tengo, oiga.

Tendré que ir a una academia para las elementales y alguna no tan elemental (dibujo técnico, allá voy), pero de lo que estoy seguro es que se acabó codear tantas horas. Todos estos días los he estado aprovechando al máximo para poder avanzar todo lo posible y que quede poco para lanzar la v2 de los santísimos. Y la verdad es que ha valido la pena.

Por lo tanto, como cada verano, me convierto en un buen estudiante temporal, donde me pasaré horas y horas haciendo montañas de deberes y estudiando todo el temario de un curso para examinarme en tres días.

Aunque reconozco que no me esforzaría demasiado si no fuera porque cierta persona me ha ido dando capones desde que la conocí. Y no es que lo haga por él, que también (hay confianza que no puede ser desperdiciada), si no por mi mismo y porque creo que ya va siendo hora de cambiar ciertos hábitos.

Quizá para el año que viene me espere un bonito destino… o no, quién sabe. Aunque soñar, una vez al año, no hace daño.

¡Ah! Y adiós, también, a las madrugadas de radio:


Aunque aquí era de día

Linux para viciosos

Sábado, Junio 21st, 2008

La verdad es que la entrada que escribí en 120% Linux (también en el viejo siguen comentando) dio mucho de qué hablar. Sobre todo para todo aquello que no tenía que ver nada con el tema.

Se creó una especie de hábitat hoygan donde todo el mundo pone su mail con la esperanza de hacer contactos. Lo curioso es que debe de tener éxito, porque cada vez ponen más.

Tiene su explicación, y es que parece que buscando en Google algo de MSN acaba saliendo esa entrada tarde o temprano (más de lo último que de lo primero); supongo que los que llegan leerán los comentarios, no la entrada en sí.

E incluso muchos lo toman por un chat, y ponen cinco comentarios seguidos, esperando a que alguien conteste, incluso repitiendo varias veces la misma persona en distintos días — en la foto hay un par de comentarios de la misma persona que ya ha insistido varias veces –. Pero lo más curioso, y la principal razón por la que escribo esto, fueron los correos que me han llegado últimamente de avisos de comentario.

Todos de la misma IP, pero a la vez es tanto varón como mujer, y con distintos correos. Podría pensar que es que comparten IP (¿un cyber? ¿una familia MUY numerosa?), pero no me lo acabo de explicar:

Anécdota en el Metro de Madrid

Viernes, Mayo 30th, 2008

Salgo de casa con las orejas tapadas con los cascos del MP4, para entrar en el Metro, desde la estación de Artilleros, como siempre.

Saco el billete y entro, paciente, pues me toca esperar al tren en la vía y no parece que hoy sea breve. Nada fuera de lo normal, y menos para otras cuántas personas que estaban dando pasos hacia ninguna parte al lado mío.

Me subo al vagón, apoyado en mi esquina habitual, aquella en donde las puertas no se abren (o no suelen hacerlo), escuchando música con volumen bajo y mirando al techo, desconectado del mundo.

De repente, alguien toca mi hombro. Me quito los cascos, y veo a un adolescente de mi edad, algo bajo, regordete, gafas y con un jersey rojo, combinado con unos vaqueros. Su cara reflejaba algún tipo de deficiencia mental.

(Levanto las cejas, expresando pregunta)
- Choca.
- ¿Perdón?
- ¡Choca! - me decía, extendiendo la mano -.

Después de salir del asombro, vi que tan sólo quería chocar la mano. ¿Qué mal podría causar eso? Así que saqué la mano derecha del bolsillo, choqué:

- ¿Y bien?
- ¡No, así no! Con la mano más abierta, así - mostrándomela de nuevo -.
- ¿Así?
- No, más.
- Pues yo no puedo más.

Expresando el descontento, hacemos efectivo el segundo.

- La otra, la otra.
- ¿La otra? Venga, va.

Plas. Esta vez, eliminando el gesto lánguido de su cara, pero manteniéndose serio, levantó el pulgar a modo de “lo has hecho bien”. Sonreí.

No le presté más atención, así que volví a escuchar tranquilamente mi música. Sin embargo, el protagonista no estaba contento con eso, por lo que fue pasajero por pasajero, sin importarle lo que estuvieran haciendo, para que le extendieran su mano. Pero sólo una vez, y no dos. Ante la negativa de algunos, no le importó pasar al siguiente para que lo hiciera.

Después de terminar la ronda, paseando punta por punta del vagón en dos ocasiones, ignorando a los que ya le habían seguido su juego, pensé que decidiría abandonarnos. Me asombro otra vez al ver que empieza a pedirlo a las nuevas personas que se van incorporando.

Yo me tenía que bajar en Sainz de Baranda, para coger el transbordo, mientras que él se quedó allí dentro, “chocando la mano”. Pero lo verdaderamente destacable es que a todos los que íbamos allí nos arrancó una sonrisa durante el trayecto.

La pregunta es… ¿en qué estaría pensando este muchacho? ¿Nos estaría tomando a todos por colegas? Porque es una mentalidad cojonuda, aunque algo utópica, pero si de algo estoy seguro que tendríamos que aprender algo de todo esto. Quizá, que deberíamos de ser más abiertos con el mundo, más generosos con nuestros sentimientos (por aquellos que se negaron a darle 10 segundos de su ocupada vida), qué se yo.

Eso sí, me encantaría volver a encontrármelo y hacer una foto en el momento cumbre, donde se juntan las manos, las personas que están alrededor sonríen y, al rato, giran su cabeza hacia los periódicos para introducirse de nuevo en su burbuja. O jugar a la consola portátil. O leer.

O simplemente, escuchar música.