Mi evolución en la percepción fotográfica
Martes, junio 29th, 2010
Finalmente y tras largas deliberaciones, decidí hacerme con mi tercer objetivo: Canon 55-250mm, un teleobjetivo. Después del primero, un 18-55mm (archiconocido pISa, viene en cualquier kit para el novato que se tercie) y el barato pero no por ello malo Canon 50mm f/1.8, decidí hacerme con mi primer teleobjetivo para terminar de tener un equipo relativamente completo para alguien tan novato como yo.
Ciertamente, la fotografía llamó a mi puerta hace no muchos años, pero nunca le vi un significado más allá de sacar fotos para nada artísticas. Sin embargo, y con la llegada de uno de esos momentos que te hacen buscar un hobby nuevo urgentemente para reciclarte por ciertas circunstancias, empecé a ver la fotografía como lo que es: un arte, una manera de expresarse, de reflejar lo que tú quieres. Plasmar pensamientos utilizando tus manos de otra manera que si fueras dibujante: la cámara sustituye al grafito, y esa es la herramienta que ahora agarras con decisión y disparas a lo que crees interesante.
Las etapas por las que pasas son de lo más interesantes, más cuando no tienes a nadie que te enseñe ni has ido a ningún curso (siempre preferí buscarme las castañas a mi manera, leyendo de forma salteada y con consultas puntuales). Al principio, empiezas con la odisea típica de cualquier aprendiz: disparar a todo casi sin control, ignorando las capacidades de la cámara. Acto seguido, te llevas una decepción; unos más, otros menos, pero en cierto modo quizá tenías las expectativas demasiado altas.
Las fotos no tienen expresión, salen movidas, desencuadradas, quizá incluso no tienen por donde agarrarse. Los pensamientos también son comunes en casi todos los principiantes: a lo mejor no valgo para esto, quizá debería dedicarme a mis cosas; a lo mejor mi cámara no es muy buena; será este objetivo, que es muy malo. Es comprensible, pero Roma no se conquistó en dos días. Evidentemente, se te puede dar mejor o peor, pero lo que es seguro es que el equipo con el que empiezas es más que suficiente (al menos con haberte informado un poco), y que vas a notar mejoría a no tan largo plazo.
Yo empecé con un equipo modesto: Canon 450D + 18-55mm IS. Nunca en mi vida había tirado con una reflex. Aún con esas, me patee todo Internet para informarme, y para encontrar una adecuada con mi nivel económico (muy normalito) y conocimientos (más bajos). No me arrepiento de haberlo hecho así: todo han sido alegrías hasta ahora. El objetivo es suficiente, una calidad aceptable, lo ideal para comenzar y entender como funciona una cámara. Por ejemplo, la segunda foto que más personas han colocado como favorito de mi Flickr está hecha con ese objetivo.
¿Canon? ¿Nikon? Sinceramente, creo que ambos son buenos competidores. Tan buenos, que ni siquiera hay razones (a mi juicio) realmente decisivas que puedan hacer que una masa general vaya hacia una marca u otra. De hecho, yo elegí Canon porque me sentí más cómodo con ella, pero otra persona se puede sentir cómoda con Nikon y lo entiendo. Por otra parte, ahora que Sony pisa fuerte, habría que considerar seriamente esa marca para comenzar, ya que está mostrando una calidad-precio más que interesante.
No tenía intención de invertir en más objetivos a corto plazo, aunque viendo fotografías ajenas, sentí curiosidad sobre ese desenfoque tan extraño pero a la vez tan atractivo que veía de fondo en muchas ilustraciones: el famoso bokeh. Con la curiosidad surgió al mismo tiempo una persona que me mostró que era posible gracias a los objetivos que pueden abrir su diafragma más que otros, haciendo que recojan más luz pero, además, pudiendo hacer ese desenfoque que tanto anhelaba. En seguida le imité y me hice con el Canon 50mm f/1.8, una inversión de menos de 90 € y que sólo me ha dado satisfacciones.
Llegados a este punto, y no dejando de ser un fotógrafo muy novato (con muchas ganas de aprender, eso sí), miro hacia atrás y veo que he evolucionado. Nunca faltará en el día a día de todo fotógrafo, con 20 años de experiencia como con 20 días, en el que se pierde una foto única en el momento preciso por un fallo propio y humano. Pero, ¿y la satisfacción que da ver que una fotografía ha salido exactamente, o incluso mejor, que lo que querías en un principio? No tiene precio.
El objetivo de todo lo que he dicho hasta ahora es simple: anímate y prueba. Si eres una persona con dificultades para expresarte de alguna manera (escribir no es lo tuyo, o no te llena del todo; no se te da bien dibujar; o o o…) quizá deberías plantearte que la fotografía puede ser algo con lo que puedes experimentar y que, aunque no te vaya a dar de comer (¿o sí? ¡nunca se sabe!), es una manera magnífica de eliminar esas tardes vacías, de sentirse realizado y de, porque no, hacer sentir más guapa a tu madre, a tu chica…











