Archive for Marzo, 2009

Relato de una operación

Martes, Marzo 31st, 2009

Después de una semana y un día de ingreso hospitalario, desde el pasado lunes hasta ayer, llega la entrada con un día de retraso. Como recordarán los que me lean, me detectaron espondilolistesis en mi desastrosa columna.

La decisión no fue fácil, pero me operé; tampoco tenía más alternativas. En principio, todo ha salido correctamente. Sin embargo, noto las piernas bastante doloridas (además de la lógica molestia en la  espalda). Incluso el médico dijo que no era normal, pero que tampoco se podía hacer nada por ahora; el viernes vuelvo a consulta.

Al margen de todo eso, si hay una parte realmente impecable ha sido gracias a los que no pertenecen al equipo médico. Desde el primer día, un buen amigo estuvo a las 7 de la mañana esperando en la puerta del hospital (estableciéndose aquí durante varios días, viniendo de Barcelona), o que en ningún momento de la terrible semana me sentí sólo gracias a las continuas visitas, es lo mejor que me podía ocurrir.

De no ser por el apoyo de todas estas personas, la dificultad para llevar esto crecería exponencialmente. Por supuesto, la parte familiar ha sido admirable y aún no sé cómo me aguantaron en ciertos momentos y no me mandaron a tomar por saco; ya se sabe, uno, estando encerrado durante varios días en el mismo lugar y sin poder moverte… no ayuda al buen humor.

Reitero los agradecimientos a todos aquellos que se han interesado por la operación, ya sea físicamente, por llamadas, SMS… de cualquiera de las maneras. Han sido muchos y algunos inesperados, por lo que la sorpresa ha sido mayor. De verdad, GRACIAS.

Ahora sólo queda esperar, ver cómo evoluciona el post-operatorio y rezar a FSM para que lo de las piernas tan sólo sea algo temporal. Sólo eso. Que ya ha sido una temporada demasiado negra, por favor.

Randomness (II)

Sábado, Marzo 21st, 2009

Si no fuera poco el hecho de quedarme sin trabajo, la arrendataria nos exigía el alquiler por métodos poco sutiles. Por un momento me vi arrastrado por el sumidero, ya que mi compañero de piso estaba aún peor que yo: no tenía trabajo desde hace dos meses. Y eso, quieras que no, no es buena compañía cuando compartes gastos.

- ¡¡¡Eh, baja esa puta música!!!

Ese era el grito del de abajo, golpeando la puerta con tanta fuerza que parecía que se venía abajo. Mi compañero de piso era, además de vago, un ser bastante insoportable.

- Ya está el tocapelotas de turno. Si está amargado no es mi culpa, yo pongo la música al volumen que me da la gana. Sólo son las nueve de la mañana, es una jodida hora legal. Soy libre de hacerlo.

Equivocaba libertad con libertinaje. O quizá ese verbo no es el correcto, pues lo hacía sólo cuando le convenía. El problema no era ese, si no que no había dinero en casa y llevábamos casi tres meses de retraso desde que perdí el empleo.

No he estado parado desde entonces, al menos no en el sentido literal de la palabra. Casi todos los días de la semana he tenido que levantarme temprano, ducharme, afeitarme, coger el metro, recordar alergias y ser entrevistado una vez tras otra.

“Ya le llamaremos”. Harto de esa frase y de que nunca se cumpliera, vi como las posibilidades se reducían aún más cuando cortaban el teléfono de casa por impago. No utilizo móvil, siempre lo vi como un gasto enorme.

En mi vida he trabajo en dos ocasiones. La primera fue un completo desastre: rompí un diente a mi jefe, fui multado y fichado por el CNP; por supuesto, también fui despedido. La segunda ya la conocéis. Estaba claro que no estaba hecho para trabajos en los que requirieran aguantar presiones algo por encima de lo normal.

Claramente, con estos requisitos tan especiales, estaba desperdiciando un alto porcentaje de trabajos. Así que me planteé volver a estudiar: el Bachiller nunca me llegó y el enchufe no es eterno. Menos con mi desastroso historial.

Perdí mi piso, perdí mi compañero de piso (lo cuál me alivió bastante) y volví a casa de mis padres. No pusieron pegas para volver a hacerme sitio, solo que tendría que pasarles la mitad del sueldo que me daba el poco paro que me quedaba. Y plantearme una nueva meta: la universidad.

En realidad, no era tan nueva. Me quedaban un par de años para acabar la carrera que nunca terminé, pero siempre tuve miedo a hacerlo y me lancé a por el trabajo fácil. Supongo que ahora es el momento de retomarlo. O eso, o verme en la calle. Con veintipocos.

(…)

Continuación de la primera parte

Randomness (I)

Jueves, Marzo 19th, 2009

Eran demasiadas horas en el metro, de una punta a otra de Madrid. No era algo entretenido para nadie, pero había que hacerlo. Porque es lo que te ha tocado hacer, y no hay alternativa aparente.

Otro día más allí, sentado y acurrucado entre un grupo de gente desconocida que despiertan distintos sentidos: la vista, para esas mujeres que llaman la atención; el oído, para aquellos adolescentes extravagantes con sus móviles a todo volumen; el tacto, para esos roces tan comunes; el olfato, para aquellos alérgicos al desodorante; o el gusto, por aquel que te mete la esquina de su periódico en la boca.

- Qué hay… lo de siempre.
- Presto.

El típico bar en el intercambiador de siempre, ese sillín redondo y la espera a que llegue tu ración de bebida con sus correspondientes churros es lo necesario para seguir con la mierda de día que espera.

- ¿Cómo va todo?
- Hijo, las cosas no están fáciles. Los que pedían mucho ahora piden la mitad, y los que pedían la mitad ya no piden. Ay, este puto Gobierno que regala nuestro dinero a los bancos y se denomina socialista… sí, para socializar las pérdidas, ¡manda cojones!
- Sí, la verdad es que…
- Voy a atender a ese, la anterior semana vino ya tres veces y tiene pinta de maricón.

Sería absurdo reprocharle lo que es evidente, así que un vistazo rápido a los titulares y las monedas caen sobre el plato. Una vez comprobadas las pertenencias, llega el momento de seguir viajando.

Una reunión banquera con generosos canapés. Asesorar a los catetos de turno sobre términos que suenan muy modernos y que probablemente no vayan a utilizar en su vida, pero es obligación que reciban esos cursos o que, al menos, conste que los han recibido. Esa es la primera tarea asignada.

De nuevo en el metro. Vuelve a estropearse y hay un desalojo más. El tercero en la misma semana, lo mejor es tomárselo con humor.

- La puta Aguirre, el Gallardón y la madre que los parió – decía un hombre trajeado -.
- Pero tranquilícese, hombre.
- Que no coño, que nos han subido el billete en plena crisis y nos dan un servicio de mierda, cojones.

Diez minutos después, llega otro tren cargando de viajeros. Nadie se molestaba en calcular si habría espacio físico o no para entrar, únicamente se centraban en llegar a su destino. Los sentidos se potencian de nuevo, especialmente el del olor y el tacto; el de la vista únicamente es necesario para mirar el reloj cada treinta segundos y ver que, por alguna extraña razón, el tiempo corre excesivamente rápido, más de lo que tú quisieras. Probablemente la reunión de las doce y media sea la culpable: faltan diez minutos y quedan seis estaciones.

Es cierto que cuando vamos en un servicio de transporte público, la mente también viaja. Se piensa en la alergia al desodorante, en el próximo desalojo o sencillamente en intentar vivir en una isla desierta durante unos minutos. Es curioso observar que la inercia entra en juego en los citados intercambiadores del metro; hoy quizá no, pero generalmente suelo ser previsor y llego con tiempo a los sitios. Aun dándose esta situación, si la gente de alrededor camina rápido, tú también lo harás. Si se estresan, les acompañarás. Si sudan, te secarás.

La reunión fue un desastre: llegar tarde al compromiso, despeinado y con manchas en la camisa fue un motivo de discusión con el jefe. Después de esto, cogió su BMW comprado esta misma semana y se fue. Fue uno de los rapapolvos más grandes en dos años y medio trabajando. Quizá no estaba hecho para aguantar esto y necesitaba perpetuar un cambio.

(…)

Una semana para el cuchillo

Lunes, Marzo 16th, 2009

Todo empezó poco antes de que empezara el 2009, en uno de esos grandes paseos que me metí, esta vez con una buena amiga desde Atocha hasta casa. Larguito, pero estoy acostumbrado. Al llegar y quedar con unos amigos empezó a ser una molestia; poco después lo escribí.

Y aquí estamos, después de médicos, médicos y más médicos, con una operación a la vuelta de la esquina. Esto es, dentro de una semana exactamente, tal como figura en el contador masoquista. Una semana que voy a pasar a tope, sin duda. Pero después, ¿qué pasará después?

Desde el lunes a las 8 h de la mañana hasta el lunes de la siguiente semana deberé permanencer en el hospital. Si todo sale bien, me darán el alta y tendré que llevar un corset hasta junio. Doloroso y sobre todo caluroso por la época que se avecina. El post-operatorio es duro, ya que cualquier fallo podría conllevar a un defecto en la columna para el resto de mi vida.

Pero eso es el peor de los casos, y me siento optimista. Lo ideal sería que todo saliera bien, que me dieran el alta en el tiempo estimado y que en junio pudiera estar moviéndome como lo he hecho siempre y salir de España de una vez por todas (no, aún no lo he hecho). Y montar una buena fiesta.

Y como no tengo nada más que contar, sólo me queda esperar. Para terminar, me gustaría poner una lista de nombres de quienes les estoy eternamente agradecido, pero no lo haré, puesto que estoy seguro que me dejaré a más de uno ya que la lista es enooorme :-)

Si la vida te da la espalda…

Domingo, Marzo 1st, 2009

Cayó la breva. El dolor no ha remitido desde que en el mes de diciembre comenzara todo. Cuando parecía que todo iba un poco mejor, supongo que derivado del reposo tan exagerado que he tenido, me dispuse a dar un mediano paseo con un amiguete. Acabó bien, pero al día siguiente me encontraba hecho polvo.

Es un dolor agudo e incapacitante que me impide ejecutar una de las cosas que más me gusta hacer: salir con los amigos o simplemente, pasear y escribir. Lo cierto es que desde un principio pensé en operarme, pero realmente fui el primero en pedir algo más de plazo de tratamiento alternativo antes de someterme al cuchillo. Pero no funcionó.

Mi madre insistía bastante en no someterme a quirófano; creemos [traumatólogo y yo] que, a estas alturas, no queda otro remedio. Tenía dos opciones: hacerlo ahora o en verano. Hacerlo en verano significaría estar recluído en casa hasta dicha época, luego operarme y estar de nuevo encerrado mientras me recupero – se traduce en no tener tampoco vacaciones -.  Por lo tanto, decidimos hacerlo el día 23 de marzo a las ocho de la mañana.

Si todo sale bien (no sabemos, puesto que no hay muchos casos de pacientes con mi edad que hayan sido operados) estaría ingresado durante una semana en el hospital, y después me darían el alta. Supuestamente “hasta junio” (sic) tendría que llevar un corsé, algo que no es muy agradable pero que, por otra parte, me asegurará un resultado óptimo para seguir haciendo vida completamente normal. Ya expliqué brevemente la operación en otra entrada. Por ahora tengo que hacer el pre-operatorio: radiografía de tórax, análisis de sangre y ECG.

Estoy bastante optimista con esto, aunque no todo lo que quisiera por otras circunstancias que ocurren al mismo tiempo. Por ejemplo, una de mis mejores amigas se encuentra ahora mismo ingresada en el hospital y tendrá que estar así durante un mes por razones que, obviamente, no puedo explicar aquí. Espero que todo salga bien y que supere lo que tenga que superar de la mejor manera posible.

Mientras tanto, otros temas no van demasiado bien tampoco. Aquellos que crees que debes hacerlo de una manera y, aunque lo hayas hecho bien, tienes la sensación de haberlo hecho mal, aunque realmente sabes que no es así. Sin embargo, eso conlleva unas consecuencias negativas que son inevitables y que hacen bastante daño… pero de eso hablaré en otro momento.

Con esta, me apunto otra operación más a mi mediana lista de operaciones, como la de anginas (sencillita) o la de peritonitis, aquella que, aunque muy diferente a la actual, tuvo el mismo efecto: aislarme del instituto durante un curso casi entero. Este año es exactamente igual y es bastante peor, pues la gente que hay y los resultados académicos son mucho mejores (además de perderme un intercambio con Francia…). Cosas del destino o lo que cojones sea.